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Vocación Marista Laical

REFLEXIONES SOBRE LA VIDA MARISTA

Esmeraldina Laurinda da Silva – Brasil Centro-Norte

 

¿Experiencias inspiradoras en el marista? La vivencia de la espiritualidad de Marcelino Champagnat. Partiendo del principio de que la espiritualidad es una manera de ser, la respuesta para esa cuestión indica para acciones que a veces parecen insignificantes, pero que presentan grandes valores, sea en el espacio de trabajo o no, buscando ser una persona mejor todos los días con los otros, con el medio, con lo que se hace y, en mi vida, tomo como ejemplo los aprendizajes que durante a los años aprendí con Marcelino Champagnat y los Hermanos Maristas.

Manifestarse por medio de actitudes simples no parece ser importante, no parece llamar la atención. Pero, uno de los Hermanos Maristas me inspira para la vivencia de esos valores – el (fallecido) Hermano Luiz Ângelo con quien aprendí mucho, un hombre que hablaba bajo, poco, contaba algunas historias, entregaba boletos a los alumnos en la hora del recreo, escuchaba a las personas y respondía siempre con mucha franqueza, cantaba y con sus actitudes simples, hacía a las personas sentirse amadas, valoradas, recordadas. Hoy soy gestora en el trabajo, soy madre, esposa, soy pastoralista en la iglesia. Y él es ejemplo para mí, tenía como reglas primeras la sencillez, humildad y modestia como Champagnat, actitudes que fueron base para los primeros Hermanos y que continúan inspirando los gestores maristas. Vivir esas virtudes es aceptar a las personas como ellas son y acercarse con sinceridad y generosidad. Es procurar saber cómo se sienten, es ofrecer el perdón incondicional y siempre tomar la iniciativa de reconciliación. Es también tener un espíritu de coraje para asumir un estilo sencillo de vivir evitando el consumismo y la acumulación de lo innecesario.

Estoy preocupada con la insistencia de la teología de la prosperidad, hoy muy evocada. Un ejercicio que confunde más los ambientes haciendo prevalecer el interés del capital. Es preciso estar más abierto al espíritu, es decir, pensar más allá de la denominación de fe, pensar más allá de los muros de nuestras iglesias y no sólo pensar en los muros de las empresas o locales de trabajo, buscando producción y lucro. Eso es posible cuando existen provocaciones, reflexiones, acciones en las cosas simples de la rutina.

¿Cómo yo contribuyo para el Laicado marista en el mundo?

 

Aunque parezca contradicción, pues el sistema de gestión entró en un mundo competitivo y de valores que no son tan espirituales, hoy hay un grito más grande en la defensa de la vida y de sus valores en la gestión de procesos, en los planes de trabajo, incluso utilizando términos apropiados de la espiritualidad – como valorar, cuidar – que expresan algo perene – propio de la espiritualidad cristiana marista.  Las señales de una empresa espiritualizada son percibidas por medio del clima y calidad de las relaciones: empoderamiento, valoración de los colaboradores, inclusión étnica, cultural y de personas con deficiencia. Yo estoy dentro de esas acciones en mi trabajo, como miembro de los derechos humanos, foros de defensa de los niños, adolescentes y jóvenes, en los grupos de la iglesia, en casa con mis hijos, donde yo manifiesto y defiendo la vida. Participo de un grupo de laicos, estoy involucrada en formaciones maristas y busco seguir a Jesús de Nazaret. Soy laica marista donde vivo.

UN JARDÍN DE FLORES, FRUTOS Y ESPERANZA

João Barbosa de Lima Neto – Brasil Centro-Norte

 

En 1993, a los cuatro años, ingresé en el “jardín de niños” del Colegio Marista Pio XII, en Surubim (PE). La entrada fue gracias al empeño y deificación de mis padres: Profr. José Barbosa de Lima y Profra. Marisa Siqueira de Lima, ambos exalumnos Maristas y, en el momento de mi ingreso, eran profesores por allá.

Del Jardín al tercero año de la Secundaria, tenía conciencia de que estaba viviendo en un espacio en el cual mi desarrollo, como cristiano y ciudadano, era potencializado no sólo en clase, sino, sobre todo, en los movimientos de pastoral estudiantil y en el servicio de arte y cultura a partir de la música.

El convivio con los Hermanos Maristas me estimuló a entender cómo ser un cristiano capaz de estar atento a las señales de los tiempos en la vivencia de la sencillez, humildad y modestia. El ejemplo de vida del P. Champagnat y sus interpelaciones a nuestra misión como Laico Marista, traen sentido para mi vida desde la entrada en el “jardín”. Jardín de sueños, utopías, posibilidades, desafíos, oportunidades y, principalmente, el jardín de la esperanza de contribuir en la educación y en la formación vocacional de tantos adolescentes y jóvenes que conseguimos encontrar por medio del Proyecto Conexión, en que actúo y vivo mi vocación marista laical como Agente Vocacional. El jardín se expande junto al servicio en la Comisión Provincial del Laicado, en la cual podemos pensar y soñar acciones que puedan cultivar los deseos del P. Champagnat, inspirados en la Buena Madre, en el suelo de cada realidad de las unidades de la Provincia.

 

Creo que desde el jardín de nuestro mundo provincial estamos logrando verdaderos faros de esperanza, pues estamos construyendo puentes entre las necesidades del Instituto y realidades de nuestros/as compañeros/as que colaboran con la vitalidad de la misión, proporcionando itinerarios que fomenten la vocación laical en sus jardines de la vida.

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