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H. Henri Verges

8 DE MAYO, ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL HERMANO HENRI VERGÈS

Con ocasión del 26 aniversario de la muerte del hermano Henri Vergès, el 8 de mayo de 1994, en Argel, compartimos algunas líneas escritas por el H. Alain Delorme, que ayudarán al lector a mantener viva la memoria de este hermano que, durante 25 años, donó su vida al servicio de la juventud argelina, beatificado junto con otros 18 mártires de Argelia, religiosos y religiosas, el 8 de diciembre de 2018, en Orán.

 

EL HERMANO HENRI VERGÈS, UN HOMBRE VULNERABLE

 

La vida y el martirio de Henri Vergès desde la perspectiva de la vulnerabilidad

 

Es vulnerable aquel que se da, que se abandona por abrir su corazón a los demás. El Hermano Henri Vergès, por su compromiso con la vida religiosa, vivió solo para el Señor y el anuncio del Evangelio. Era un hombre “herido”, exactamente lo contrario de aquello que dice Charles Péguy: “Quienes no se empapan de gracia, como no están heridos, no son vulnerables” (La moral y la gracia).

 

Henri conocía la vulnerabilidad del “hombre viejo” en él. Al final de ocho años de vaciamiento interior en el servicio al noviciado, él veía en esta prueba “un mínimo para matar en mí lo que quedaba del ‘hombre vejo’” y agregaba: “Por el contrario, este fue un tiempo providencial para profundizar en todos los planos. ¡Sea Dios alabado por este tiempo de desierto!”.

 

Él sabía que era vulnerable ante la muerte. Su amigo Bélaïd lo testimonia: El 25 de marzo de 1994, fue mi último encuentro con Henri Vergès. Estaba solo con él en su oficina, en Argel. Le dije: “Señor Vergès, usted está en una zona roja; está bajo amenaza constante; ¿ha tomado usted conciencia de que la muerte lo acecha tanto de día como de noche? Él dejó de trabajar porque estaba forrando un libro y me dijo: “Mire, hice mi elección en 1948. Le ofrecí mi vida a Dios. Mi destino está en manos del Todopoderoso”. Era sincero y concluyó diciéndome con una leve sonrisa: “Créame, yo no pienso en mi seguridad”. Al dejarlo, estaba preocupado por su vida y no sabía que se trataba de una visita de despedida”

Christian de Chergé, en la homilía del 17 de julio de 1994, presenta de esta manera la muerte del hermano Henri y de la hermana Paul-Hélène: “Quienes han reivindicado su crimen no podían apropiarse de su muerte. Pertenecía a Otro, como todo lo demás, y desde hacía largo tiempo. ‘Forma parte del contrato, decía Henri sonriendo, y será cuando Él quiera. Desde luego, ¡no será eso lo que nos impedirá vivir!’”.

 

El H. Henri en un medio musulmán

 

En Navidad de 1989, Henri describe su trayectoria argelina para una revista española, con ocasión del bicentenario del nacimiento de Marcelino Champagnat. Él termina así: “En resumen, es mi compromiso marista lo que me ha permitido, pese a mis limitaciones, insertarme de forma equilibrada en el medio musulmán y, a su vez, mi vida en ese medio me ha realizado con más profundidad como cristiano marista, loado sea Dios”.

 

El corazón de Henri «se daba» a sus estudiantes y sus familias, a la gente del vecindario, al pueblo argelino cuya nacionalidad había solicitado. Christian de Chergé, en la homilía ya citada, escribe: Henri era también una mirada hacia el islam que no cesaba de interrogarse desde el interior de una búsqueda de Dios siempre alerta. «Me dejo interrogar, y yo interrogo, desestabilizo un poco al otro, y él me desestabiliza… Lo que han captado los pequeños es maravilloso. Los sabios (sobreentendido del ‘islam’) me bloquean los asuntos”.

 

Mons. Henri Teissier, en el prólogo del libro de Robert Masson: “Henri Vergès, un cristiano en la casa del Islam”, señala: “Su vida de religioso marista y de educador llegaba a ser una vida en la Argelia musulmana, por los argelinos y con los argelinos. Los peligros cada vez mayores, de los que él era consciente, no cambiaban en nada esta orientación fundamental; al contrario, añadían una voluntad de solidaridad espiritual con el Islam y con los musulmanes. El Ribat (la rábida) le ayudaría a expresar todo su sentido. Sus amistades, en particular, con el hermano Christian, los monjes y los demás miembros del Ribat, reafirmaban en él esta llamada”.

 

Henri, cuyo corazón estaba herido al ver la pobreza de sus alumnos, intentaba – escribe él – , “para aprovechar mejor los medios humildes ofrecidos día a día en la realidad de las cosas que se me ofrecen para que estos jóvenes puedan sentir a través de mí una presencia que los ama y los llama en lo mejor de sí mismos”.

 

Testigo del amor de Cristo

 

Con ocasión del centenario de la llegada de los Hermanos Maristas a Argelia (1891-1991), el terminó así su presentación: “Damos gracias, con la Virgen María, con confiada disponibilidad, en el seno de una Iglesia donde abrazamos fraternalmente la humilde condición de siervo en el Amor”.

Al final de la misa del funeral, el 12 de mayo de 1994, en Notre-Dame d’Afrique, el cardenal Duval dirigió a la asamblea, donde los musulmanes eran numerosos, estas pocas palabras salidas del corazón: “El querido hermano Henri y la admirable hermana Paul-Hélène, fueron testigos auténticos del amor de Cristo, del desinterés absoluto de la Iglesia y de la fidelidad al pueblo argelino”.

 

Los dos primeros de los 19 mártires beatificados en Orán, el 8 de diciembre de 2018, descansan en el cementerio de El Harrach, cerca de Argel.

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H. Alain Delorme

 

 

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